JUSTICE FOR BERTA, MEANS JUSTICE FOR THE WORLD!

Global Day of Action Demanding Justice for Berta Cáceres

June 15, 2016

Today, human rights activists are protesting around the world at Honduran consulates and embassies, international development agencies, and government institutions that provide economic development and security aid to the Honduran government – responding to a call to action from the National Council of Popular and Indigenous Organizations of Honduras (COPINH) to demand Justice for Berta Cáceres.

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¡BERTA VIVE! VIDA Y LEGAJO DE BERTA CÁCERES

Empecé escribiendo una elegía para Berta Isabel Cáceres Flores hace años, aunque apenas murió  la semana pasada. El 3 de marzo, Berta fue asesinada por sicarios respaldados por el gobierno hondureño. Como muchos que la conocimos y trabajamos con ella, yo era consciente que esta luchadora por el poder de los pueblos indígenas, por el derecho al control de sus propios territorios, por los derechos de las mujeres y las personas LGBTI, por una democracia auténtica, por el bienestar de la Pachamama, por el fin de la tiranía del capital transnacional, y por el fin del imperio norteamericano, no estaba destinada a morir en la vejez.

Ella se enfrentó a demasiados poderosos con demasiadas verdades.

Berta se formó en la revolución. Ella fue fuertemente marcada por las emisiones radiofónicas procedentes de Cuba y de la Nicaragua sandinista, que su familia escuchaba clandestinamente, reunida alrededor de una radio con el volumen bajo; esas estaciones radicales eran prohibidas en Honduras.

Desde siempre una izquierdista comprometida, la madre de Berta crió a sus doce hijos para que creyeran en la justicia. Doña Bertha – la madre le dio a la menor de sus hijas su propio nombre – fue alcaldesa de de su pueblo y gobernadora de su departamiento, en una época en la cual las  mujeres no ocupaban estos puestos.Luego, fue miembro del Congreso Nacional. Además, fue matrona. Ella fue la inspiración de vida de Berta.

Como jóven adulta, como muchos otros y otras de la región que compartían sus convicciones, Berta acudió en el apoyo de la revolución salvadoreña.

En 1993, Berta – como indígena Lenca – cofundó el Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH), en una época en la que ser indígena en aquel país no constituía motivo de orgullo, ni mucho menos representaba ningún poder. Berta creó el COPINH para construir la fuerza política del pueblo Lenca, de campesinos y campesinas y otros sectores populares de base, con el fin de transformar una de las sociedades más corruptas, antidemocráticas y desiguales del hemisferio.

Una fuerza política: el COPINH bajo el liderazgo de Berta

A Berta le encantaba decir: “Nos tienen miedo porque no tenemos miedo.” Esa intrepidez le rindió frutos a lo largo de los años.

Además del notable liderazgo de Berta, los triunfos del COPINH han sido fruto del tamaño, la fuerza, la unidad y el compromiso feroz de la organización. El COPINH reclamó con éxito tierras indígenas ancestrales y ganó, sin precedente, títulos de tierras colectivas. Detuvieron o paralizaron la construcción de represas, proyectos de deforestación y explotación minera, por no mencionar a los acuerdos de libre comercio. Evitaron el expolio y la destrucción de multitud de lugares valiosos y sagrados.

Las comunidades han participado en cientos de protestas, tanto desde sus respectivos ayuntamientos, como frente a la escalinata del Congreso Nacional. Han ocupado una multitud de espacios públicos, incluyendo varias de las seis bases militares estadounidenses instaladas en su país, resistiéndose a abandonarlos. Han bloqueado la carretera a Tegucigalpa, impediendo estratégicamente la llegada de productos a la ciudad. Han declarado un boicot a todas las organizaciones financieras internacionales en sus tierras. Han colaborado en la organización de 150 referendos locales para mejorar la participación democrática.

Hay una historia que Berta narraba sobre sus estrategias y sus acciones. El telón de fondo de esta anécdota son las botas de goma – gruesas y sin ventilación – que utlizan los campesinos, incluso los miembros y las miembras del COPINH. Como dichas botas no permiten la transpiración, con el paso de las horas adquieren un olor horrible, tan fétido que se las llaman “las bombas.” Al inicio del COPINH como organización, un equipo del mismo acudió desde La Esperanza hasta Tegucigalpa para negociar con el gobierno una ley sobre títulos de tierras. La discusión se prolongó durante días. Berta contaba que, durante las pausas para almorzr, la delegación del gobierno recibía verdaderos festines, pero los miembros del COPINH no tenían dinero, por lo que su lado de la mesa permanecía vacío. Al tener muchas menos conexiones en aquella época, el grupo carecía de un lugar donde dormir o ducharse, por lo que pasaban las noches en las calles. Pero siguieron adelante.

En determinado momento, las negociaciones se pusieron tensas y el equipo del COPINH no estaba seguro de su estrategia. Solicitó un descanso, pero el gobierno se negó a ello. Entonces, uno de los miembros del COPINH hizo una señal discreta y todos los y las campesinos-activistas se quitaron las botas al mismo tiempo. El olor era tan tóxico que los representantes del gobierno abandonaron la habitación. El COPINH pudo reagruparse y elaborar una estrategia maravillosa. Los indígenas radicales ganaron la ley.

Su campaña y victoria parcial más reciente fue también la causa más directa de la muerte de Berta: la paralización del proyecto de represa en Agua Zarca, sobre el río sagrado de los Lenca. La comunidad COPINH de Río Blanco – todos: ancianos, niños y niñas, madres lactantes – formaron una barricada humana y bloquearon la construcción de la represa. Mientras tanto, Berta, otros miembros del COPINH y compañeros/ras nacionales e internacionales presionaron al Banco Mundial y a la mayor compañía de construcción de presas del mundo – Sinohydro, propiedad del Estado chino – para que abandonaran el proyecto.

El bloqueo de la comunidad de Río Blanco no duró un día, ni una semana. Duró más de un año. Continuó hasta que ganaron. Consiguieron que algunos los intereses financieros más poderosos del mundo se retiraran del proyecto.

Desgraciadamente, al haber otros intereses acechando el botín, la presa se sigue construyendo. Y hay otras 48 planificadas o en construcción en tierras Lenca.

Berta creía en la participación colectiva y esa creencia impregnaba profundamente su práctica diaria. Siendo la líder inigualable del COPINH y dada la enorme laguna entre su nivel educativo y su experiencia política y la de la inmensa mayoría del grupo, para ella habría sido sencillo actuar por su cuenta. Sin embargo, en ningún momento dejo de rendir cuentas ante las comunidades para las que trabajaba.

Yo fui testigo de cómo funcionaba ese nivel de compromiso una noche en que Berta llamó por teléfono a Utopía, el centro de reuniones en una comunidad rural del COPINH, y pidió hablar con todo el mundo. Unas quince personas se juntaron rápidamente alrededor del teléfono móvil situado sobre la endeble mesa de madera cercana a la única fuente de iluminación, una vela. Berta explicó un requerimiento basico que había recibido de una oficina del gobierno y pidió una respuesta. Cuando hubo terminado, preguntó al grupo de campesinos y campesinas: “¿Cheque sí, o cheque no?” Todos y todas levantaron el pulgar hacia el pequeño teléfono móvil y gritaron, “Sí.” No les había pedido que tomaran una decisión conjunta, y sin embargo había logrado el consenso.

Eso es transparencia y responsabilidad ante el grupo.

Berta Cáceres 1973 – 2016. Crédito de la imagen: P. Melo Coto SJ y ISN

La mujer detrás del mito

Berta era una mujer imperturbable. Se mantenía la calma en  la mitad del caos y era estratégica frente al desastre. Se enfretabaa soldados y matones cuando la agredieron o agredieron a otras personas y les echaba en cara lo que estaban haciendo.

Berta era infatigable y trabajaba todo el día sin quejarse. Cuando no estaba viajando por Honduras o por el mundo en busca de apoyo para la lucha, se levantaba temprano e iba directamente a su escritorio para ponerse al día de las últimas novedades, con frecuencia los últimos ataques a miembros del COPINH, en cuyo caso procedía a escribir denuncias, todo eso antes de tomar la primera taza de café. Luego se metía en su descacharrada camioneta color mostaza para recoger a otros miembros del COPINH y se dirigían juntos a dondequiera que se necesitara su presencia, para participar en alguna acción o investigación.

Me asombraba que Berta condujera esa camioneta tan llamativa a todas partes sin protección, y que viviera en una casa cuyo únicos elementos de seguridad eran un pequeño candado y un par de perros amistosos. Entonces me di cuenta de que no importaba mucho cuál fuera su nivel de seguridad. El gobierno y las compañías a las que se oponía casi siempre sabrían dónde encontrarla (Berta también pasó algunos periodos oculta) y cómo llegar hasta ella cuando estuvieran listos para matarla.

Berta solo se tomó dos breves periodos de descanso en su vida. El primero fue unas vacaciones de dos semanas con una amiga en un país vecino, el segundo ocho meses de semi-reposo en mi casa en Alburquerque. Pero aún así dedicaba la mayor parte de sus días a trabajar en un boicot continental al Banco Mundial y al Banco Interamericano de Desarrollo.

Al mismo tiempo que servía a su comunidad, Berta aumentó su influencia a lo largo del último decenio hasta convertirse en una representante internacional de su pueblo. Berta era una heroína para muchos movimientos globales, una protagonista fundamental en múltiples luchas, una oradora clave en múltiples acontecimientos. Recibía consultas de las autoridades gubernamentales, de las redes internacionales e incluso, hace unos meses, del propio Papa Francisco.

Mientras observábamos como crecía la estatura de Berta como líder global, nuestro buen amigo y colega Gustavo Castro me comentó: “Espero que nunca pierda su humildad.” Nunca lo hizo.

Una vez pregunté a Berta cómo se decía “integrity” en español. Ella lo tradujo como “coherencia,” coherencia entre todas las partes de la vida de una persona, coherencia entre los principios que uno afirma tener y las acciones que realiza. Berta era coherente.

Ella criticaba duramente a los estadounidenses por nuestra falta de coherencia. En una ocasión dirigió un taller contra la opresión para una organización que yo entonces dirigía, en la que nos pidió que reflexionáramos sobre si éramos Césares o artesanos. O sea, nos preguntaba: ¿Nuestra práctica –no solo nuestras afirmaciones- nos alineaba con los opresores o con los oprimidos y oprimidas? ¿Estábamos intentando conseguir el liderazgo para nosotros o para las comunidades de base? Durante mucho tiempo después de eso, el refrigerador que compartíamos Berta y yo mantuvo en su frente su dibujo de una sandalia romana.

En otra ocasión me comentó que el problema de los estadounidenses era nuestro apego al confort.

La propia Berta rehuía el confort. Vivía en la modesta casa en la que creció, donde cuidaba de su anciana madre. Dormía en una habitación pequeña de cemento, más de la mitad de la cual había transformado en oficina, con montañas de documentos sobre su escritorio y una mesita para su computadora. Su estilo de vestir-–independientemente de con quién se reuniera–era jeans, tenis y una camiseta de algodón. Casi nunca se compraba cosas nuevas, ni asistía a restaurantes de moda, ni tomaba un avión si podía ir en bus.

Además del COPINH y la lucha por la justicia, Berta tenía un fuerte compromiso mas: sus tres hijas, su hijo, y su madre. Recuerdo el profundo orgullo que mostraba su cara cuando una de sus hijas, entonces de unos siete años, recitó el poema “La margarita” ante un grupo de visitantes extranjeros. Era una expresión completamente diferente a la que yo le conocía. Su orgullo creció al tiempo que lo hacían sus hijas y hijo, todos ellos y ellas comprometidos con la lucha por la justicia.

Tras la muerte de Berta, sus hijas y hijo y y su madre dieron a conocer un comunicado en el que decían: “Sabemos con certera claridad que los motivos de su vil asesinato fueron su resistencia y lucha en contra de la explotación de los bienes comunes de la naturaleza y en defensa del pueblo Lenca. Su asesinato es un intento de acabar con la lucha del pueblo Lenca en contra de toda forma de explotación y despojo. Un intento por cortar la construcción de un nuevo mundo.

“La lucha de Berta no era solo por el medio ambiente sino por el cambio de sistema, en contra del capitalismo, del racismo y el patriarcado.”

Berta Cáceres con los niños, alrededor del año 1999. Crédito de la imagen: Beverly Bell

Cuando el gobierno de Honduras acusó formalmente a Berta de sedición en 2013 – una de sus innumerables iniciativas para silenciarla – alguien preguntó a su madre si temía por su hija. Berta nos contó entre risas la respuesta de su madre: “¡Absolutamente no! Ella hace exactamente lo que tiene que hacer.”

El humor de Berta era legendario. Suavizaba los momentos más tensos con alguna broma y su risa cantarina nos daba a muchos de nosotros fuerzas para seguir, aunque ella nunca quitara importancia a la gravedad de la situación. Se ve ese humor en una carta que el Jesuita hondureño radical Ismael “Melo” Moreno hizo circular esta semana por las redes sociales. En una ocasión en que acompañó a Berta a Río Blanco, alguien les hizo una foto juntos. Al mirarla, Berta se echó a reír y dijo a Melo: “A ver cuál de los dos se va primero.”

En otra ocasión, cuando contemplaba una actuación de las Raging Grannies (Abuelas Furiosas), un grupo de señoras mayores vestidas con faldas extravagantes que cantaba alegres canciones de protesta en Alburquerque, me dijo: “Nunca he querido vivir lo suficiente para convertirme en anciana. Pero ahora me apetece.”

Acaban de arrebatarle esa posibilidad.

¡Berta vive!

Berta llegaba al alma de todas aquellas personas que la conocieron y de muchas otras que nunca llegaron a conocerla. Mi hija adolescente es una de estas. La mañana en que Berta murió, escribió: “Bev me contó que su gran amiga Berta murió anoche. Quedé muy asustada. ¿Cómo puede alguien matar a una persona que solo intentaba hacer lo correcto? Entonces recordé que también mataron a Martin Luther King y a Malcolm X. Si yo muriera por hacer lo correcto eso querría decir que yo hacía lo correcto en este mundo. Como Berta.”

Cuando Berta recibió en 2015 el Premio Goldman, el más prestigioso premio internacional para defensores del medio ambiente, ella lo dedicó a la rebelión, a su madre, al pueblo lenca, a Río Blanco, al COPINH y “a los mártires que dieron su vida en defensa de la riqueza natural.”

Ahora, Berta es una de esas mártires.

En la madrugada de la terrible mañana del 3 de marzo, leí la noticia del asesinato de Berta en la lista de distribución Convergencia de Movimientos de los Pueblos de las Américas (COMPA), una red que Berta, Gustavo y yo fundamos – entre otros – en 1999. Me fijé en el correo justo anterior, fechado el 24 de febrero. Era de Berta. Decía simplemente: “¡Aquí!”

Sí, está aquí. Que viva en los corazones, las mentes, las pasiones y las acciones de todos nosotros. Que todos y todas nos comprometamos a hacer realidad su visión de transformación, dignidad y justicia. La visión por la que Berta vivió y por la que murió.

¡Berta Cáceres, presente! 

 

Beverly Bell es coordinadora de Other Worlds y miembro asociado del Institute for Policy Studies.

Adaptado por Gabriel Zeballos y Tanya Kerssen de la traducción de Paco Muñoz de Bustillo.

TAKE ACTION NOW: Demand Fair Investigation of Berta Cáceres’ Death and Security for COPINH

Dear Concerned Community,

Please support an independent international investigation into the murder of Berta Cáceres and security for COPINH.

COPINH denounces the Honduran state’s manipulation of the investigation into the murder of Berta. Along with Berta’s family, COPINH demands a monitored and transparent international investigation by independent and impartial experts – critical to ensuring that the perpetrators and architects of Berta’s murder be brought to justice. They further demand security for all members of COPINH and change in US policy toward Honduras to stop the human rights crisis.

Please send a letter to Honduran and embassy authorities demanding security for Berta’s family and COPINH members, and to halt the criminalization against COPINH.

Every letter, email, call, mention in social networks is important to ensure a transparent investigation into Berta’s assassination, and support the ongoing struggles of Honduran defenders of justice and human rights.

Morever, COPINH and Berta’s family are in need of donations for their work in this crisis. Please make a tax-deductible donation via Rights Action today. Every penny will go straight to Honduras.

For further action steps, please visit BertaCaceres.org.

In solidarity,

Other Worlds

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#JusticiaParaBerta

“The Peoples of ¡Berta Vive!” International Gathering

Fifteen hundred people from at least 22 countries convened in Honduras from April 13-15, 2016 for the “Peoples of ¡Berta Vive!” International Gathering. They came to honor slain global movement leader Berta Cáceres and to commit themselves to keeping her legacy alive.

Members of the international gathering also experienced the violence of the Honduran government and Desarrollos Energéticos S.A. – DESA, the foreign-backed company illegally constructing a dam on the indigenous ancestral Gualcarque River – which shadowed Berta throughout her final years and ended her life this past March 2.

Berta Cáceres’ “Emancipatory Vision”

The Civic Council of Popular and Indigenous Organizations of Honduras (COPINH), the group Berta founded in 1993 and ran until her assassination, and two other Honduran organizations hosted the gathering. The final declaration gave the context of the meeting.

In this land which has struggled for more than 500 years, with the sound of the free-running rivers, the strength of the mountains, the neighborhoods and communities; with the fury and tenderness of the beings of nature; with the spirit of the ancestors, and the hope and pain of men, children, and women [who are] all people of Berta… We are convened here for her memory and her rebellious life.

The forum combined presentations by COPINH leaders and members of Berta’s family; workshops on extraction and its prerequisite, militarization, on human rights, and on women’s power; a cultural presentation by the Afro-indigenous Garifuna; a videotaped message from Gustavo Castro Soto, Berta’s Mexican counterpart in environmental defense and the sole witness to her murder; and much more. A march through the capital of Tegucigalpa was loud, long, and invigorated.

The overarching message of the gathering was two-fold justice for Berta. This includes, first, the fair investigation and prosecution of Berta’s killers, both intellectual authors and paid hitmen. (Toward this end, COPINH and Berta’s family are requesting that the Honduran government allow the Inter-American Commission on Human Rights actively contribute to the legal process.) Second, justice for Berta means the fulfillment of what she lived and died for. In the short term, this is the cancellation of the dam project on the Gualcarque River. In the longer term, it means a liberatory transformation toward a human- and earth-centered economics, politics, and society in Honduras and around the world.

The Declaration of the International Peoples of “Berta Vive” characterized her contribution toward that transformation as her:

…ethics and practice… and her commitment to the peoples of the world. Her proposal for life was sustained by the radicality and honesty of her words; the profundity of her decolonized thoughts; her profound knowledge and great confidence in people who struggle; and the international horizon of her emancipatory vision.

Assault by Machetes and Rocks

The third day of the gathering, March 15, consisted of a procession to the Gualcarque River. Numerous busloads of farmers, environmentalists, anarchists, human rights observers, children, and others from throughout the Americas and Europe, including many Hondurans, traveled to the village of San Ramón, municipality of San Francisco Ojuera. This villages abuts the river from the north side, from which DESA is now constructing the dam. The internationally financed company moved operations after protests by the COPINH community of Rio Blanco, on the south side of the river, forced construction to a standstill.

During five years of dam-building operations in Rio Blanco, five people have been killed and four have been injured by DESA’s hired guns. Despite this non-prosecuted violence, DESA could not quash the opposition from the highly organized community. The dam construction is in violation of both the Honduran constitution and Convention 169 of the International Labor Organization, which grants free, prior, and informed consent before development or extraction may occur on indigenous lands.

San Francisco Ojuera, alternatively, is composed of campesinos/as who are not organized through COPINH. They do not identify as indigenous, and have not chosen to resist.

This past Friday, after having been arbitrarily stopped by police twice, and passing several phalanxes of soldiers in anti-riot gear, the caravan of vehicles parked and the crowd began the 45-or-so minute walk to the river. As the crowd approached a bend in the road, 20 or so goons – protected by about an equal number of Honduran national police – shook their machetes in the air. Some held rifles, sticks, and rocks. They voiced vicious statements about Black people and COPINH.

Among the group were individuals who had several times threatened Berta and other members of COPINH with death, according to a communique of April 16, 2016 by COPINH and the other conference organizers. The men and a few women called out that the “fly” had been killed, though she left behind a “plague.”

This was reminiscent of an attempted visit to the river by about 100 COPINH members, including Berta, on February 20. Then, police, soldiers, anti-riot special forces called the Tigres (created and funded by the US), and armed men in civilian clothes blocked their route and assaulted them.

According to testimony given to COPINH by contracted criminals, DESA pays 200 lempiras, or US$8.87, for a day’s work of violence and harassment of dam opponents. On this recent march, a well-known red truck belonging to DESA was parked next to police cars along the road to the river.

The hundreds of Honduran and international delegates continued down to the dam-threatened Gualcarque River despite the threat. There, some swam and others participated in a ceremony, led by Guatemalan Mayans, for Berta’s spirit and strength and for protection of the new COPINH leaders. Some of the armed men followed, filming the faces of delegation members.

As the visitors began to return from the river valley in late afternoon, the operatives became even more wild, lunging and screaming and thrusting their machetes. The police, who had been standing in front of the group to protect them,  now moved aside to let them loose. The men, some of whom were clearly drunk, began throwing rocks at delegation members’ heads, using their fists to beat others, and throwing still others on the ground and kicking them. One assailant slashed a delegation member’s wrist with his machete. Two men, within moments of each other, drew their machetes sharply to the top of the head of this writer, but halted inches above their target. Another attacker tried to slash his machete down on the arm of a Spanish activist, but one of the COPINH team was able to wrest the machete away.

Human rights reporters, after subsequent investigation, put the number of those wounded at 8 or 10. Throughout it all, COPINH members remained completely nonviolent and called for calm.

The policemen stood by all this while, doing nothing to stop the attacks. Then at a certain point, they began aggressively trying to push all those who had returned from the river back down the road to the buses.

However, many refused to leave because a group of delegation members still remained at the river. This included Tomas García, Berta’s successor as COPINH coordinator, whom the goons had been shouting that they wanted to attack. Dusk was approaching.

After some negotiation with caravan members, the police agreed to go collect the remainder at the river in their truck. They refused, though, to allow representatives of the delegation to ride along with them. This would have left the same police who had threatened and arrested Tomas in the past to have free access to him and other COPINH members. Pressure from the visitors finally prevailed, and they were allowed to ride along in the trucks. Everyone was shuttled up to the village safely.

There the safety ended. The police then actively joined the paid attackers. They shoved people and pointed their rifles at them, shouted and cursed them. On foot and in their trucks, policemen pushed the delegation down the road, driving so closely as to almost hit some of the retreating group.

Adelante, Forward

A favorite expression of Berta’s was, “They fear us because we are fearless.” COPINH is not retreating in the face of this or countless earlier attacks.

The final declaration of the international gathering reflects this spirit. It says:

To all the peoples, men and women, we invite you with energy and ethical unity to strengthen the struggle. We will never give up hope. We will live toward a future of utopia with justice, liberty, and autonomy… on this land.
 

Please take action here to call for safety for members of COPINH and a fair, internationally led investigation into Berta Cáceres’ killing.